Los vómitos y la migraña en los niños

Los niños tienen un umbral más bajo para los vómitos que los adultos. No es raro que los niños vomiten en el curso de enfermedades comunes como la infección del tracto respiratorio superior, infección del oído, gastroenteritis e infecciones de orina, el centro del vómito en el tronco cerebral puede ser desencadenada por diversos estímulos, de desorden cerebral local o por productos químicos que se producen en otras partes del cuerpo. El dolor, el olfato y el malestar emocional también pueden hacer que el niño vomite.

El vómito es también común entre los niños con migraña; el 85-90 por ciento experimentan náuseas y el 55-60 por ciento tienen experiencias de vómitos reales durante los ataques de migraña. Por lo tanto, el vómito puede dominar el cuadro clínico de los ataques de migraña y el dolor de cabeza puede ser de importancia secundaria para el niño. En algunos niños, especialmente los menores de seis años, los vómitos pueden ser el síntoma principal de la migraña y presentar episodios recurrentes de vómitos que duran varias horas o días. El niño puede tener todas las características de los ataques de migraña, excepto el dolor de cabeza. Esta condición se conoce como “síndrome del vómito cíclico” o CVS. Entre los ataques, el niño está bien y vuelve a su estado normal de salud.

Kid with headache

Alrededor de un dos por ciento de los niños sufren episodios de vómitos por lo menos cinco veces al año, lo que es uno de los criterios para el diagnóstico de CVS. Los niños más pequeños son más comúnmente afectados que los mayores y los niños y niñas se ven igualmente afectados. A medida que crecen algunos niños dejan de tener CVS, tal vez por los años de la adolescencia, mientras que otros continúan a través de la vida adulta. Alrededor de la mitad de los niños con CVS sufrirán ataques de migraña típicos con dolor de cabeza como el principal síntoma.

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Los ataques de CVS a menudo se producen con regularidad predecible cada dos a ocho semanas. Los ataques duran un promedio de 24 horas, aunque los ataques más largos no son infrecuentes. Durante el ataque de CVS el niño se ve pálido y enfermo, pierde el apetito y se siente con náuseas y vómitos varias veces por hora. El niño estará letárgico y puede deshidratarse. En ocasiones el niño puede quejarse de dolor abdominal o dolor de cabeza y puede reportar intolerancia a la luz, el ruido o el olor. Los ataques se resuelven espontáneamente después de una duración variable de hasta tres días después de que el niño quiere acostarse y dormir.

Una evaluación diagnóstica completa, incluyendo la historia, la exploración física, bioquímica sanguínea y análisis de orina y en ocasiones una radiografía o una ecografía pueden ser necesarios para excluir otras condiciones que pueden cursar con los episodios de vómitos. Una vez que el diagnóstico de CVS se hace con confianza, el plan de tratamiento integral puede ser diseñado en la misma línea que comprende gestión de las crisis agudas de la migraña y también sus medidas de prevención. Los objetivos para el tratamiento de los ataques agudos son el de proporcionar medicamentos que puedan prevenir o detener el vómito y darle al niño tanto líquido como pueda ser tolerado con el fin de evitar la deshidratación. Varios medicamentos antieméticos se pueden recomendar, con precaución, por vía oral tan pronto como sea posible después del inicio de los ataques. Estos pueden incluir ondansetron, prometazina, metoclopramida o proclorperazina. Los líquidos se pueden administrar por vía oral en casa, si es posible, o por infusión intravenosa en el hospital. Los medicamentos específicos contra la migraña, como Imigran nasal (sumatriptán) se han utilizado en ocasiones con éxito y pueden abortar el ataque, pero este tratamiento no está autorizado para niños menores de 12 años. El otro aspecto del tratamiento es la prevención, que puede ofrecer una mejor oportunidad de controlar la enfermedad y evitar el ingreso hospitalario frecuente. Los medicamentos profilácticos contra la migraña, como el pizotifeno, amitriptilina y propranolol pueden considerarse, aunque con ninguno se garantiza un éxito en todos los casos. El antibiótico eritromicina también puede prevenir los episodios de vómito y puede tener un papel en la prevención de CVS. Otros fármacos se han reportado, pero con limitada evidencia de apoyo de sus beneficios.

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